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Sólo un 5 obtuvo Cristian Castro en su presentación en el Teatro Caupolicán

Categoría de nivel principal o raíz: Nuestras opiniones Categoría: Consumo Cultural Publicado: Domingo, 09 October 2016 Escrito por Superadministrador

Sólo un 5 en una escala de 1 a 7, obtuvo Cristian Castro en su presentación del 7 de octubre en el Teatro Caupolicán de Santiago. El exceso de volúmen, una deficiente comunicación con el público, una pobre planificación del espectáculo y un vestuario desafortunado marcaron una presentación que no está a la atura de uno de los intérpretes más famosos del continente americano.

Artículo preparado por Alejandro Pujá Campos,

Presidente de Consumidores Asociados.

Pasadas las 21:30 horas apareció Cristian Castro en lo que prometía ser un gran espectáculo, precedido por una serie de imágenes de cantantes famosos, algunos fallecidos, que se proyectaron en las pantallas gigantes del Teatro Caupolicán, encendiendo los ánimos de los asistentes que aplaudían ante el desfile de artistas de todos los tiempos: Carlos Gardel, Luciano Pavarotti, Luis Miguel, Eros Ramazzoti, Sandro, Raphael, Frank Sinatra, Elvis Presley, Vicente Fernández, etc., finalizando con Juan Gabriel. Ante esas figuras, uno ya se preguntaba si Castro no sufre de alguna megalomanía o lo que venía podría ser espectacular.

Sin embargo, esto recién comenzaba y había que darle el beneficio de la duda. Duda que empezó a crecer al ver aparecer al artista vestido con un frac que a simple vista no le caía bien. Tuve la impresión de que era uno de los pingüinos de Magadascar.

Pero lo peor ya se estaba escuchando, así que el frac pasó a segundo plano, pues el volúmen general en la sala provocó que muchos se tapasen los oídos durante casi todo el espectáculo. Esto no permitió apreciar la voz de Castro ni de su única corista. Instrumentos como la guitarra acústica parecían de utilería, pues nunca se pudo apreciar.

Castro entró en una maratón de temas con poco diálogo con el público y un desorden en un guión poco dedicado. Horas antes, en Canal 13, había anunciado un homenaje a Juan Gabriel, vestido de charro, lo que no se vió nunca, a menos que homenaje sea el haber aparecido, en el único bis de la noche, con un traje blanco, que le quedaba algo mejor que el frac, con un sombrero de charro que nunca se puso, cantando el Rey, que no es precisamente de Juan Gabriel.

Canto muchos temas, en eso no fue tacaño, pero fue todo sin ton ni son. Hizo algunos cover, entre ellos de New York, de Frank Sinatra, en español, donde le salían unos aires a lo Liza Minelli, cuestión que demuestra su gran capacidad interpretativa, cuando se concentra.

Sólo un 5 en una escala de 1 a 7, obtuvo Cristian Castro en su presentación del 7 de octubre en el Teatro Caupolicán de Santiago. El exceso de volúmen, una deficiente comunicación con el público, una pobre planificación del espectáculo y un vestuario desafortunado marcaron una presentación que no está a la atura de uno de los intérpretes más famosos del continente americano.

Artículo preparado por Alejandro Pujá Campos,

Presidente de Consumidores Asociados.

Pasadas las 21:30 horas apareció Cristian Castro en lo que prometía ser un gran espectáculo, precedido por una serie de imágenes de cantantes famosos, algunos fallecidos, que se proyectaron en las pantallas gigantes del Teatro Caupolicán, encendiendo los ánimos de los asistentes que aplaudían ante el desfile de artistas de todos los tiempos: Carlos Gardel, Luciano Pavarotti, Luis Miguel, Eros Ramazzoti, Sandro, Raphael, Frank Sinatra, Elvis Presley, Vicente Fernández, etc., finalizando con Juan Gabriel. Ante esas figuras, uno ya se preguntaba si Castro no sufre de alguna megalomanía o lo que venía podría ser espectacular.

Sin embargo, esto recién comenzaba y había que darle el beneficio de la duda. Duda que empezó a crecer al ver aparecer al artista vestido con un frac que a simple vista no le caía bien. Tuve la impresión de que era uno de los pingüinos de Magadascar.

Pero lo peor ya se estaba escuchando, así que el frac pasó a segundo plano, pues el volúmen general en la sala provocó que muchos se tapasen los oídos durante casi todo el espectáculo. Esto no permitió apreciar la voz de Castro ni de su única corista. Instrumentos como la guitarra acústica parecían de utilería, pues nunca se pudo apreciar.

Castro entró en una maratón de temas con poco diálogo con el público y un desorden en un guión poco dedicado. Horas antes, en Canal 13, había anunciado un homenaje a Juan Gabriel, vestido de charro, lo que no se vió nunca, a menos que homenaje sea el haber aparecido, en el único bis de la noche, con un traje blanco, que le quedaba algo mejor que el frac, con un sombrero de charro que nunca se puso, cantando el Rey, que no es precisamente de Juan Gabriel.

Canto muchos temas, en eso no fue tacaño, pero fue todo sin ton ni son. Hizo algunos cover, entre ellos de New York, de Frank Sinatra, en español, donde le salían unos aires a lo Liza Minelli, cuestión que demuestra su gran capacidad interpretativa, cuando se concentra.

Sólo media hora fue lo mejor

Después del Rey, entró en una línea netamente romántica con el tema Angel prácticamente coreado por el público, con la banda casi en silencio, vimos la mejor media hora, quizás la única de las casi tres horas de presentación, en que con una seguidilla de temas lentos se pudo apreciar mejor su calidad vocal y una mayor conexión con el público compuesto por las fanáticas que aguantan todo y otra gran mayoría que seguramente esperaban más del mexicano y guardaron silencio en los muchos pasajes ruidosos que no encantaron.

Definitivamente, Cristian Castro quedó en deuda. Al día siguiente se presentaba en el Casino Monticello, en una versión íntima, segun se anunciaba. Quizás allí no gritaría al final de sus temas rápidos, en una mala costumbre que comparte con su corista, costumbre que no añade nada a sus interpretaciones.

Los músicos y el local, regulares

Los músicos están bien, destacan los bronces que con esfuerzo se hacen oír entre la cacofonía musical. El local, el Teatro Caupolicán, es un buen recinto que requiere algunas mejoras, como tapar los hoyos de la cúpula o poner asientos tapizados en las localidades premium.

Una decepción es lo que dejó Cristian Castro por lo que se quedará con un 5 generoso si consideramos el daño a los oídos por los que debería indemnizarnos, para no verlo nunca más en vivo. En la radio se oye mejor, ahí se puede controlar el volúmen.

Véase artículo relacionado: La torpeza que destruye un espectáculo también es una infracción a la ley.

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